Reflexiones sobre el trabajo de sueños: 20 años despues

11.02.2014
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Reflexiones sobre el trabajo gestáltico de sueños: 20 años después

Arturo E. Etienne Garza

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Introducción

Vengo de una madre que solía contar sus sueños todas las mañanas y les encontraba un significado. En el primer taller de Gestalt que tomé me trabajaron un sueño y cambio tanto mi vida que decidí replicarlo en cuanto soñante lo propiciara. Después de un periodo de muchos tanteos empecé a darme cuenta de que no había fórmulas, aunque sí algunos principios y finalmente me decidí a hacer variaciones y, literalmente, “ver qué pasaba”. Hoy les comparto algunas de las conclusiones a las que he llegado respecto a la naturaleza del fenómeno onírico, del trabajo de sueños en sí y del potencial que he descubierto en él cuando lo hago en grupo.

I. Un enfoque poli dimensional del sueño

El sueño es ante todo un estado alterado de conciencia. Cuando digo alterado no me refiero a algo patológico sino a un funcionamiento cerebral distinto al de la vigilia. Prueba de ello son los descubrimientos realizados por los psicofisiólogos en lo que respecta a los neurotransmisores secretados o inhibidos, las zonas corticales y subcorticales estimuladas y desconectadas, así como a la atípica conciencia que experimentamos durante el mismo, acompañada, paradójicamente, de la desconexión motora. No en vano autores como Hobson lo ubican más próximo al delirio o alucinación. Cualquier intento por explicar al sueño únicamente desde las narrativas psicológicas tendrá, por lo tanto, serias deficiencias conceptuales, incluyendo el enfoque Gestalt, cuyo hincapié está puesto en el awareness/counciesness y el movimiento fluido del organismo, ambos propiedades de estados de vigilia1. Sin lugar a dudas, los sueños son fenómenos conectados con la vida cotidiana pero siguen normas de construcción diferentes. Constituyen a mi juicio una ruptura significativa con la vida diurna y requieren un abordaje múltiple de cuando menos cuatro dimensiones: la neurofisiológica, la cognitivo/emotiva, la social/relacional y la existencial.

No soy partidario del eclecticismo ni tampoco quiero dar a entender que dichas dimensiones son cuestiones separadas. Más bien sugiero que las aportaciones de cada una de las aproximaciones encargadas de su estudio proporcionan valiosos descubrimientos y conceptos que pueden complementarse entre sí y explicar de una manera más integral el fenómeno onírico; de lo contrario caeríamos en estrechos reduccionismos. Es tan importante conocer el estado neurológico que posibilita o acompaña al sueño; el trance en que puede caer una persona cuando narra su sueño; los procesos cognitivo/emotivos que facilitan o inhiben la significación de la experiencia y los posibles insights, etc., como los factores psicosociales que llevan a una persona a contarle su sueño a otro, incluso delante de un grupo.

Sueños

  • Psicofisiológica
  • Sentido existencial
  • Social/
  • Relacional
  • Procesos cognitivo/emotivos

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Dimensión psicofisiológica: La aportación de Hobson

Uno de los autores modernos más influyentes dentro de esta perspectiva es, sin duda alguna, Allan Hobson, quien además de criticar el enfoque freudiano, aporta una visión del fenómeno onírico acorde con los últimos descubrimientos de las neurociencias, trascendiendo el marco estrictamente psicofisiológico.

Hobson (1996) propone cinco características distintivas de la producción onírica:

  1. Una emoción experimentada con tanta intensidad que puede interrumpir el sueño.
  2. Un contenido y una organización ilógicos, en los que no se aplican las categorías de tiempo, lugar y persona, y que desobedecen las leyes naturales.
  3. Experiencias sensoriales estrafalarias pero con forma (visuales y kinestésicas principalmente).
  4. La aceptación acrítica de la experiencia, por muy ilógica que parezca.
  5. La dificultad para recordar un sueño una vez que termina.

El eje del trabajo de este autor y, su principal aportación, es la hipótesis de la activación-síntesis. Acudo a las palabras del autor, con el fin de no traicionar el espíritu de su aportación que para los gestaltistas tienen importantes implicaciones:

“…la forma de los sueños está relacionada con la forma de la actividad cerebral cuando se duerme…primero el cerebro se conecta (se activa) y después genera e integra (sintetiza) su propia información sensorial o motriz. Las señales sensoriales y motoras que el cerebro genera automáticamente son la fuerza impulsora y el vector direccional de la trama del sueño, y ésta se sintetiza a la luz de las experiencias pasadas de un individuo y de sus actitudes y expectativas” (Hobson, 1996: 27).

El sueño es visto entonces como un procesamiento de la información biográfica del individuo a partir de las señales sensomotrices que la actividad cerebral proporciona durante el sueño.

“…El cerebro es un órgano dinámico y que se autoabastece, capaz de generar su propia información. Está diseñado para abordar el mundo exterior mediante la producción de ideas sobre el mismo. Por lo tanto, el cerebro impone constantemente su propia verdad sobre el mundo exterior” (Ibidem).

Dicho de otro modo. Cuando soñamos estamos intentando crear un conocimiento, resolver un problema.

“…Esta teoría considera que el cerebro tiene una tendencia tan inexorable a la búsqueda de significado que atribuye y hasta crea significado cuando poco o nada hay que encontrar en los datos que se le pide que procese. En este sentido, el estudio de la actividad onírica es el estudio del cerebro mente como mecanismo autocreativo” (Ibidem).

En este sentido, la producción onírica y artística son equivalentes. Esta idea es muy antigua pues en 1875 ya Hildebrant hablaba que durante el sueño se intensificaban las cualidades artísticas de la mente y se debilitaban las funciones analíticas.

El que sueña, está tratando de significar. Está tratando de hacer algo con lo que le sucede. Soñar no es reposo, sino todo lo contrario. Es una manera espontánea de construir a partir de experiencias de la vigilia cargadas de emocionalidad y que no desembocaron en una acción consecuente que permitiera su “cierre”, su conclusión satisfactoria. Es atender los asuntos pendientes, más que un mensaje que recibimos pasivamente. Es un intento quizás por mantener nuestra salud mental.

Hobson añade la hipótesis de que las emociones del sueño MOR (Movimientos Oculares Rápidos) proporcionan también una estructura organizativa para la memoria. No pudiendo articularse los pensamientos y recuerdos de manera ordenada, pareciera entonces que, lo que prevalece, más que la red de contenidos cognitivos, es una organización de índole afectiva.

Dimensión cognitivo/emotiva

Soñar es transformar la información: de la experiencia registrada en la vigilia a la metáfora onírica, de ésta a la narrativa social y de aquí al sentido existencial. Es una forma de conocer y también de re-conocernos, más próxima a la del poeta que a la del científico en su laboratorio; menos precisa y presiento que más certera. En esta transformación participan en primer lugar esquemas afectivos (cuando construimos el sueño) y, en segundo, esquemas cognitivos (cuando lo contamos). Aunque parezca extravagante e ilógico, el sueño tiene una estructura de base que refleja la “forma” en que organizamos nuestra experiencia durante la vigilia y cuyo principal tejido son las emociones. Por eso es tan importante centrarse en el tinte afectivo del sueño y sus mutaciones a lo largo de la trama. El contenido en sí es secundario. Lo que siente el soñante, cuando lo experimenta por primera vez o revive, es lo más importante. La diégesis onírica sólo justifica lo que siente. En ella se pueden inferir esquemas básicos de relación con el mundo: yo soy más poderoso que…, yo estoy desvalido frente a…, etc., sustentados por sistemas de creencias acendrados y alejados de la conciencia del individuo. Aunque la experiencia sea extravagante e irracional, abordamos la situación onírica con nuestros mismos supuestos de la vigilia que generalmente son pre-verbales (Greenberg, Rice & Elliott, 1996). Nuestros sueños no son asépticos, están sesgados, elaborados a partir de lo que sentimos y necesitamos; de nuestra propia cosmovisión que no necesariamente es consistente y que incluye toda suerte de contradicciones. Algunas, las menos evidentes, se escapan y montan en el primer sueño que les permita salir del fondo de la caverna.

La ansiedad, resultante de la discrepancia percibida entre las demandas del medio y los recursos de afrontamiento del individuo, es con mucha frecuencia el motor principal de la construcción onírica. Sobre todo en aquellos sueños caracterizados precisamente por sentimientos asociados al miedo: vergüenza, enojo, culpa, angustia… El grado de esta discrepancia es crucial para la dirección del ajuste creativo. Si es enorme, lo más probable es que la sobrecarga de frustración e impotencia sea tal que la mejor opción sea eludir el conflicto y entonces tengan lugar las pautas evitativas – que pueden ser por supuesto muy creativas y socialmente aceptadas. Los períodos de vida experimentados de esta forma frecuentemente están plagados de sueños ansiógenos. Si, por el contrario, la discrepancia percibida no es desmesurada, se convierte en un acicate para la creatividad resolutiva. Tal es el caso de Bohr y Kekulé2. Aunque el problema en la vigilia se les resistía a ser resuelto, durante el sueño pudieron hallar su solución a través de los procesos alternos de pensamiento propios del sueño.

En el caso de la pauta evitativa, hay un desahogo temporal que nos puede volver adictos a ella porque, aunque ineficaz a la larga, por el momento genera una sensación de alivio y al volver el desasosiego, se convierte en la alternativa conocida de la que podemos echar mano fácilmente, aunque el saldo de insatisfacción siempre esté presente tanto en la vida real como en el sueño. Finalmente nos quedamos atrapados en nuestra propia telaraña. Por el contrario, la pauta resolutiva, enfrenta al individuo con su realidad existencial y lo lleva a dar el salto cuántico de “hacer algo diferente”, “correr el riesgo”, “asumir las consecuencias”, “expandir las fronteras”. Le permite plantarse en mitad del universo y reclamar el lugar que realmente le corresponde, sin falsos triunfalismos ni omnipotencias despectivas. Lo lleva a conectarse con algo más allá de su conflicto e integrarse a la orquesta universal del ensayo/error/creación. Lo trágico es que, lo que alguna vez fue funcional, puede dejar de serlo y viceversa. No hay fórmulas seguras, por la sencilla razón de que la vida tampoco lo es.

En los sueños ansiógenos (aquellos cuyo tinte emocional tiene que ver con la ansiedad en cualquier de sus manifestaciones: miedo, enojo, vergüenza, impotencia, etc.) coinciden tanto el deseo de resolver la situación inconclusa como el miedo al fracaso. De ahí que construyamos la fantasía ajustada al manejo particular que hacemos de nuestro deseo y nuestro miedo. Me atrevo a afirmar que es precisamente este impasse entre el miedo y el deseo lo que nos lleva frecuentemente a la creación onírica. Lo mismo ocurre con otras expresiones tales como pintar, hacer poemas, cantar o resolver dilemas de la física. Lo interesante es que en el sueño hasta lo ausente adquiere especial relevancia. El sueño es la más explícita autorrevelación del individuo y puede ir desenvolviendo significados a lo largo de toda la vida.

Dimensión social/relacional

El sueño también es un fenómeno de campo. Si bien tiene una parte privada, puede ser la resultante de un sinnúmero de factores interactuando de múltiples maneras en el campo del soñante. A veces un sueño puede ser “la voz” de la familia, del grupo o de la comunidad. Como dice Isadore From el paciente puede utilizar el sueño para decirnos algo (Vázquez B.C. 1999, http://www.transpersonalpsycho.com.ar/biblioteca/suenodeunanoche.htm).

Si aceptamos que el sueño es un fenómeno de frontera de contacto, aún cuando nuestro estado neurofisiológico es distinto al de la vigilia (ello nos impone una relación diferente con el entorno: la relación simbólica); y si suponemos que el recuerdo trae algo de ese funcionamiento (poca claridad mental y sólo una sensación de que es algo importante) entonces contarlo a alguien en especial tiene que ver con un intento de recuperar la función de contacto, disminuida durante el sueño. Lo interesante es para qué se lo cuenta. ¿Sólo por deshago? ¿Existe la esperanza en que el interlocutor nos dé una pista respecto al enigma onírico? ¿Es una manera de socializar e incluirnos en nuestro grupo social próximo? ¿Es una manera de expresar nuestra vulnerabilidad al comentar las emociones de miedo, asombro o tristeza que nos ocasiona? ¿Acaso realmente la metáfora onírica expresa un asunto pendiente con nuestro interlocutor? El sueño contado es un acontecimiento social y tiene un propósito muy raras veces claro para el soñante.

Dimensión Existencial

El sueño puede reflejar el paradigma existencial a partir del cual articulamos nuestros deseos, acciones y consecuencias. Junto con la fantasía y el recuerdo gravita en el mundo de lo posible, no de lo real. Aun cuando el sueño le ocurre en un tiempo y espacio determinados a un individuo y eso es real, la distancia es abismal entre lo que está pasando en el entorno inmediato del soñante –su ambiente tal y como está durante su sueño- y la trama onírica. Aludir a determinismos reduccionistas (psicologismos, fisiologismos, sociologismos) para su explicación despoja al soñar, desde mi perspectiva, de su característica principal: la inevitable creatividad a la que estamos condenados los seres humanos y que se exacerba en momentos en que no podemos manejar las demandas del ambiente o lograr la satisfacción de nuestros deseos. Dicha creatividad que obedece, principalmente, a modos cognitivos alternos a la lógica (pensamiento lateral, intuición, analogía) es la que se pone en acción cuando precisamente nuestra racionalidad fracasa en intentar comprender y resolver los problemas existenciales: soledad, vulnerabilidad, libertad, responsabilidad… El sueño es ante todo, una gran metáfora que construimos a partir de nuestro reservorio de imágenes y símbolos en un intento por superar la impotencia que nos produce la vida cotidiana, con sus reglas, prescripciones, amenazas, demandas y confrontaciones. Así, en el caso de las pesadillas, el miedo que nos produce, por ejemplo, la absurda persecución de un Tiranosaurio Rex imaginario, puede ser equiparable al terror de perder la imagen que creíamos tener de nosotros mismos ante los demás. La diferencia es que cuando soñamos, nunca vemos que el animal nos atrape. ¿Por qué? Tal vez porque en el fondo sobrevive la esperanza. Mientras que en la vida real podemos ver pulverizada una y otra vez nuestra autoestima en cada fracaso, en el sueño generalmente logramos sobrevivir a grandes peligros, tenemos una sabiduría omnisciente para comprender los motivos de los otros y justo cuando la trama pone en peligro nuestra vida…nos despertamos.

El sueño nos recuerda quienes somos o mejor dicho, quienes podemos ser. Trae al presente problemas que hemos evadido y siguen vigentes, afectando nuestra vida actual. Permite desahogar tensiones y también lo contrario. Nos puede dar la solución o interferir para que demos con ella pues es frecuente que nos despertemos justo cuando algo importante iba a ocurrir. Es el medio de expresión de aquellas necesidades cuyas voces no han sido escuchadas. Refleja nuestro paradigma existencial desde el que tomamos decisiones y construimos una vida. Evita la conciencia de cuestiones muy dolorosas y a veces, facilita su irrupción abrupta en la consciencia. Soñar es la vía regia del autodescubrimiento y también nos sirve como tarjeta de presentación ante el otro. Contar nuestro sueño es un acto social. Gracias a nuestras creaciones (chistes, platillos, explicaciones, sueños, etc.) somos descubiertos, conocidos, incluidos o excluidos por el entorno.

Además de ser el código de nuestras necesidades insatisfechas, el sueño es también la evidencia de nuestra sagrada irracionalidad. Ella reclama un lugar en el empobrecido mundo de la lógica, la tecnología, las urgencias prácticas y las convicciones materialistas. El sueño nos recuerda su presencia pues justo ahí, en el espacio onírico, nos construimos otras posibilidades personales donde la exuberancia, la contradicción, la inestabilidad, la complejidad sin sentido evidente, la superposición de todos los planos de la existencia condensados en una loca historia de breves minutos y, el contundente realismo de tal experiencia, avasallan la maquinaria de la razón y nos hunden en la conciencia de que, aun tratándose de nuestra humanidad, nada es seguro, controlable, inteligible. El caos también nos pertenece, gracias a él la creatividad suelta una sonora carcajada de triunfo. Gracias a él la libertad cuenta el chiste. Trabajar los sueños es recuperar esta dimensión. También ofrece la posibilidad de integrarnos a nuestro clan. Contárselo al otro es una apertura de la propia intimidad, una solicitud no explicita de inclusión y apoyo. Contarlo es, finalmente, un acto de valentía pues hacemos pública nuestra locura que, paradójicamente, resulta a veces más universal de lo que pensamos.

II. Naturaleza del trabajo gestáltico de sueños

Los sueños son ficciones creadas de manera espontánea durante el dormir. Su carácter es metafórico, metonímico, polisémico, sintético y simbólico. Metafórico porque se construye a través de una analogía con algún aspecto de nuestra existencia: hay una sustitución de elementos que guardan la misma relación. Metonímico porque la sustitución puede darse por intercambio de partes o aspectos (causas por efectos, partes por todos, etc.). Polisémico debido a que admite diversas lecturas con distintos significados, dependiendo del enfoque, momento, circunstancia, en que se cuente y trate de descifrar. Sintético porque resume trozos extensos de la historia del soñante e incluso hasta de una cultura. Simbólico porque lo explícito jamás significa lo que parece y casi siempre nos remite a una dimensión menos obvia de la existencia del individuo.

El trabajo gestáltico de sueños es un procedimiento especial que facilita la decodificación de este complejo mecanismo imaginario y lo pone en los propios términos del soñante para que le sea fácil ver las implicaciones en su vida actual. El medio por excelencia es la interacción dialógica entre la creatividad del propio soñante y la del terapeuta (incluso del mismo grupo cuando se trabaja en ese formato), mediada por el contexto donde se realiza tal decodificación. Emerge el sentido, se resuelve el misterio y…no basta. La transformación de la información, el conocer, el aprendizaje significativo, sólo se puede consolidar a través de una acción diferente en relación a la novedad que ofrece el medio donde se desenvuelve habitualmente el soñante. Una buena figura facilita llegar a ello pero no lo garantiza. Hay que moverse, hacer cosas diferentes a partir de la nueva información.

En principio diría que los asuntos inconclusos o gestalts no resueltas son la base de los sueños ansiógenos y resolutivos (aquellos que como los de Bohr o Kékule, nos brindan la solución a un problema de manera casi literal), y que justamente los primeros son los únicos que pueden ser abordados desde el enfoque gestáltico. Me atrevería a decir que, incluso son dos momentos del mismo proceso: uno durante la vigilia y otro durante el dormir. Por consiguiente, lo importante es saber la dimensión del asunto pendiente y sus implicaciones. Hay asuntos inconclusos que pueden ubicarse dentro de la esfera relacional inmediata de la persona con otro. Algunos hay que rastrearlos en la estructura social significativa a la que pertenece el soñante, o sea la familia de origen. Otros más, incluso son herencias de los ancestros que buscan en nuestros actos la posibilidad de ser resueltos.

III. Grupo de trabajo de sueños

Kurt Lewin en los 40s. Introdujo una manera de “ver” y entender los fenómenos grupales a través del concepto de “campo”, en la que, lejos de buscar un determinante de la conducta del individuo/grupo, ésta pasaría a ser concebida como la resultante de la intervención de infinidad de variables operando simultáneamente en el aquí y ahora del grupo con diversos grados de explicitud.

El “campo”, fue un concepto directamente traído de la Física y tuvo importantes repercusiones para el surgimiento y consolidación de la terapia Gestalt. Dicho constructo, sin embargo, ha sido abordado desde diferentes ópticas a partir de entonces. La primera lo igualaría al campo perceptual, entendiéndolo como la interrelación de todos los factores actuales, percibibles por el participante del grupo, y que pueden afectar su conducta en cualquier momento. Aquí entrarían tanto los fenómenos externos como los privados (recuerdos, fantasías, asociaciones, sentimientos, necesidades). Podríamos decir que esta es una aproximación fenomenológica, con visos intrapsíquicos importantes, puesto que cada individuo tiene percepciones idiosincráticas y por lo tanto, “posee” un campo perceptual especial. Otra variante sería la de reducirlo simplemente al contexto físico y social. Desde aquí, el campo es el conjunto de factores interactuantes del entorno que pueden en un momento dado afectar el comportamiento de la persona/grupo. A mi juicio se socializa el concepto y se excluye la parte intrapsíquica. Por último estaría el campo como totalidad interactuante con consciencia o sin consciencia de la persona, que incluiría todo lo existente y potencialmente relevante en un momento dado en la relación del individuo con su entorno. Implicaría entonces tanto aspectos intrapsíquicos, sociales, físicos e incluso de niveles de realidad aún no evidentes o incluso descubiertas (Robine, 2004). Es ésta última la que consideramos para un modelo de trabajo de sueños en grupo.

Considero que el modelo de trabajo de sueños en grupo que propongo corresponde más al tipo de grupo conocido como de “desarrollo” o “sensibilización, sin que se excluya este tipo de intervención en un grupo terapéutico cuando lo que emerge es un sueño. Me parece que en el grupo de sensibilización está clara la tarea desde un principio: juntarse para contar sueños y apoyarse mutuamente para construir un significado.

La siguiente tabla muestra las variaciones que alcanzo a apreciar en torno a siete variables, de lo que es un grupo de desarrollo –también llamado de sensibilización- y lo que es un grupo terapéutico, sin descuidar las múltiples interrelaciones que ambos pueden tener y que dificultan a veces distinguirlos.

Grupo de Desarrollo Grupo Terapéutico
El nivel de impacto Puede haber un mayor despliegue de expresión emocional con insights masivos. Si bien la expresión emocional intensa es aceptada, las expresiones más sutiles del mundo afectivo suelen, a veces, ser más importantes.
Duración y periodicidad del encuentro Desde toda una semana (grupo maratón) con sesiones de 4 a 10 horas. Sesiones más cortas (2 a 4 horas) y espaciadas (semanales).
Transferencia del aprendizaje La toma de conciencia no siempre redunda en avances duraderos. Los cambios son sutiles y tienden a permanecer en el tiempo.
Papel del conductor del grupo Un papel más activo en el diseño de ejercicios, su aplicación y procesamiento en los participantes. Por tal razón suele llamársele facilitador. Sin ser pasivo, el tipo de actividad que emerge de la situación grupal demanda otro tipo de participación. En un principio suele ser más activo y lentamente es el grupo el que se vuelve el guía del encuentro.
Nivel de estructuración Semi-estructurado. Hay tareas predeterminadas que abordan todos los participantes. Se parte de un encuadre inicial susceptible de ser modificado por la evolución del proceso grupal. Mínimo de estructura. El encuadre está dado por el lugar, horario, fecha, periodicidad de los pagos y en algunos casos, prescripciones sobre el tipo de interacción permitida y no permitida. Se trabaja con lo que emerge del grupo a través de las interacciones entre los individuos. No hay tareas predeterminadas.
1 La aproximación puramente psicofisiológica tiene también sus limitaciones debido a que, por su naturaleza experimental, excluye toda explicación de por qué y para qué soñamos específicamente lo que soñamos en el momento y espacio en que lo hacemos, es decir, la diégesis onírica.
2 Bohr soñó con el sistema planetario y lo utilizó para proponer el modelo atómico. Kekulé, a través de un sueño pudo representar la estructura atómica del benceno.

 

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